La calidez alagoana del Caribe brasileño, en las resplandecientes aguas de Maceió

Por Luis Giannini

Se agitan las cabaças, se agitan al sonar de su música afrobrasileña, envueltas en redes azules, celestes, turquesas junto a mares espejados y arrecifes de coral salpicados de piscinas naturales. Manos expertas, cálidas, sostienen con suavidad las calabazas, sonajeros deslizantes, mientras pies desnudos acompañan el ritmo instrumental del afoxé sobre la arena blanca, para un forró apasionado, bailado de a pasitos en Playa de Gunga, en Playa del Francés, o quizá en alguna otra de las idílicas riberas frente a Maceió, en Alagoas, consideradas entre las mejores de Brasil y situadas en uno de los estados más pequeños de la antigua Nueva Lusitania. Más y más kilómetros de bordes costeros llenos de color, de amor y vida se extienden a los barrios históricos, iglesias centenarias, villas tradicionales de encajeras, centros culturales, de entretenimiento, gastronomía, atracciones y galerías de arte de la capital alagoana. Vida al aire libre, sabores del mar, lagunas de aguas cristalinas como Mundaú, una de las diecisiete que posee Alagoas, que cuando sube la marea se llena de agua salada, y al bajar sólo queda el agua dulce. Aprovechan entonces los pescadores para extraer el apreciado berberecho nordestino que sumará langostas, camarones, diversos pescados a los que acompañarán ingredientes del interior como la tapioca, el cuajo, la carne en conserva, la mantequilla en botella y la leche de coco, fruta abundante que se encuentra en el borde ribereño de Maceió. Quieran los reconocidos chefs servir estos manjares con especias peruanas, inspiraciones españolas y pimientos de Bahía.

DESEOS DE AVENTURA

De identidad cultural propia, Maceió es una ciudad para disfrutar sin prisa, en el distinguido tono alegre de la danza típica “quadrilha”, en el delicado bordado “filé”, en la fe y expresividad de su gente, que brindan armonía por doquier a intensos fugitivos que sólo ambicionan el ansiado sosiego, el cual por supuesto abunda como refugio del trajinar alborotado citadino, bajo la sombra y verdor de densos cocoteros, en atardeceres dorados y cálidos todo el año. El romántico relax y la contemplación habrán de vencer la fatiga, inspirando entonces deseos aventureros en escenario tan adecuado. Hay quienes se atreven a saltar en paracaídas, están los que se deslizan en el viento sobre las aguas azules y también los que prefieren sumergirse en las profundidades a bucear, luego de sentirse expertos marinos, al formar parte de la tripulación de un barco. Una ligera bicicleta, caminatas oyendo despejados el sonido del mar o el paseo hacia la barrera de coral en acuarios naturales a 26 grados, a los que se llega en balsas, son opciones más pacíficas, pero no menos interesantes. Playas céntricas como Guaxuma, las vehementes olas de Jatiuca, perfectas para quienes aman surfear. Y la superficie de Ponta Verde, una de las más famosas por sus aguas claras. Maceió, un destino que puede considerarse una “ciudad-resort”, una ciudad plenamente turística.

UNA  HISTORIA RENOVADA

Durante mucho tiempo Alagoas fue pasada por alto por los viajeros, pero en los últimos años se ha producido un cambio de tendencia que ha puesto su atención en Maceió, esta ciudad costera que es elegida por su dinamismo chispeante. La mayor afluencia de turistas no ha borrado su auténtica alma, su rasgo, carácter y temperamento propios, el aire rústico formado por pintorescos pueblos, coloridas casas, gastronomía que gusta combinar sabores y tradición. La belleza de su naturaleza puede ser comprendida sobre todo por su historia, llena de curiosidades y testimonios. Moderna, encuentra equilibrio en los edificios simbólicos del centro. Nacida como un pequeño pueblo donde se procesaba la caña de azúcar, gracias al vigor de su puerto, el comercio creció rápidamente y también se especializó en el cultivo de tabaco, coco y procesamiento de cuero, convirtiéndose en uno de los núcleos urbanos más activos. En 1839 Maceió se convirtió en la capital del estado y aún hoy su puerto es uno de los más importantes de Brasil. Cuna de grandes artistas y presidentes, de Alagoas son originarios los dos primeros mandatarios brasileños, Deodoro da Fonseca y Floriano Veira Peixoto. Y también aquí nacieron los estupendos músicos Djavan y Hermeto Pascoal. Con un pasado colonial que dejó su huella, el componente histórico no debiera ser opacado por el brillo de sus playas.

ATRACCIONES AL POR MAYOR

Jaraguá es un barrio que sorprende. Declarado patrimonio histórico, recorrer sus calles es frotar la lámpara del genio y pedir un retroceso en el tiempo. De todas maneras, el diseño del casco antiguo se aprecia ahora más moderno y animado, los turistas tienen más servicios a su disposición y hay más lugares para visitar, incluyendo restaurantes, clubes o bares donde probar los productos típicos de la zona. Antiguos almacenes y las casas de dos plantas han adquirido color, llenándose de energía y buena vibra. El distrito de Jaraguá es la historia viva de Maceió, en el que conviven edificios del siglo XIX junto a almacenes, palacios y tiendas de época en curiosa y pintoresca mezcla. Queriendo diferenciarse, el Pontal da Barra es el lugar ideal para los amantes de la artesanía. Encajes, bordados y una amplia gama de bolsos, accesorios y ropa hecha a mano pueden hallarse rápidamente. Es bien rural, preferido de pescadores y artesanos, ubicado en la parte sur de la ciudad. La Igreja Bom Jesus dos Martirios, considerada una de las iglesias más bellas de Maceió, fue inaugurada en 1881, pero tiene un estilo muy personal. Su fachada presenta elementos neogóticos, ornamentos que recuerdan el estilo rococó, mientras su arquitectura definiría a veces el estilo oriental. Muy cerca se encuentran el edificio gubernativo, el ayuntamiento y la dependencia pública de turismo. Puede visitarse además la Igreja de Nossa Senhora do Rosário dos Homens Pretos, construida en 1853, al igual que el teatro Deodoro, un imprescindible en la historia de la ciudad, levantado con un propósito muy específico: dar cabida a las necesidades artísticas y creativas locales. Con 650 butacas, consta de una sala de conciertos de estilo neoclásico, su noble salón ya ha albergado la biblioteca pública, la alcaldía, la justicia federal y hasta recepciones del gobierno estatal, además de estar disponible para diversos eventos regionales.

Los paseos marítimos maceioenses se concentran básicamente en tres zonas: Jatiuca en el norte, Ponta Verde en el centro y Pajuçara en el sur. La primera tiene una hermosa y amplia playa con un fondo marino más profundo. Se une al sur con Ponta Verde en el barrio más elegante, de amplios y suntuosos condominios con una playa menos profunda. Al final de Ponta Verde está la playa y el barrio de Pajuçara, conocido por su característico mercado artesanal, donde se pueden adquirir todo tipo de recuerdos característicos y desde donde parten las tradicionales jangadas, típicas embarcaciones que transportan hasta las piscinas naturales. El Parque Municipal de Maceió, inaugurado en 1978, está situado entre los distritos de Bebedouro y Tabuleiro dos Martin. Ubicado dentro de una reserva de la Mata Atlántica, tiene una extensión de 82 hectáreas, en un área de conservación con seguridad para los animales. El visitante podrá ver caimanes de cresta amarilla, pollos de agua, armadillos, tortugas de Barbados, perezosos, halcones, búhos, zorros, osos hormigueros mirim y serpientes. En total, hay cinco senderos accesibles al público: Citizen Trail, Adventure Trail, Peace Trail, Pau Brasil Trail y Jacaré Trail. Es posible observar y beber el agua que brota del suelo en varios lugares del Parque. Dentro de la estructura también hay actividades para los niños y los visitantes pueden participar a la plantación de ejemplares de la Mata Atlántica, seguir lecciones de educación ambiental y aprender sobre senderos naturales.

¡Qué sed y apetito! Detenerse en las barracas de la rambla por una tradicional tapioca (panqueque de harina de mandioca, salado o dulce), un açai (fruto energético del norte), jugos de frutas tropicales, pescados y carnes secas con mandioca frita. O en un restaurante a deleitarse con el plato típico de Alagoas: caldo de sururú, un berberecho cocido en leche de coco muy afrodisíaco. Tal vez aguardar la noche, deslizarse hasta la playa con la arena aún tibia, suave, contemplar la marea en este fascinante, transparente paraíso y beber uma cervejinha bem fresca. Sentirse una criatura perfecta en el Caribe brasileño.

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